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Cuatro consejos para sanear vínculo.

Está claro que eso de buscar culpables no funciona. La responsabilidad es siempre compartida, pero quedarnos ahí también implica un riesgo: el uno por el otro “la casa sin barrer”.

Una vez reconocida la responsabilidad mutua ¿Cómo debemos proceder para limpiar y sanear el vínculo con la otra persona?

Cuatro consejos que funcionan:

  1. Asume el valor para hablar con quien tienes que hablar, y no contamines la relación comentando el tema con otros ni antes ni después.

Vacía con regularidad cartesiana todo lo que tengas que expresar, lamentar o aclarar con esa persona en concreto a fin de que no se te acumule “el trabajo”, y desvíes tu atención a fin de templar el “miedo” que te embarga.

  1. Escucha con empatía y ganas de saber más.

La escucha empática no atiende sólo a los contenidos, sino también a la energía que hay detrás de ellos, además de a la fuente de dónde provienen. Tu interlocutor: ¿Arrasa con un discurso desde la cabeza? ¿Habla desde el corazón? ¿Está asomando su niño interior que sólo sabe de deseos?

La curiosidad es sanísima: parafrasear, preguntar, pedir si hay “pruebas”, hacer de “abogado del diablo” … si se hace en tono y manera oportunos, ayuda a demostrar interés y a hacer camino junto a nuestro interlocutor.

  1. Habla con prudencia.

No confundas las “películas que nos montamos” con los hechos. No generalices ni hables en tercera persona del plural, procura hablar desde tu opinión, desde el “yo creo, opino…” y hazlo con sinceridad. Ten cuidado con el “Yo si sé, tú no sabes” porque la prepotencia nos lleva demasiadas veces a ocultar parte de la información, precipitar conclusiones o simplemente a abusar de nuestro poder circunstancial, con lo que nos perdemos toda posibilidad de aprendizaje y/o sorpresa.

Pero bueno, tampoco olvides que humildad no es debilidad. No le quites energía a tus opiniones. Evita los “entrantes”: “Puede que te parezca una estupidez, pero…” “Pensarás que estoy loco…” “Seguramente es culpa mía, pero…”

  1. Presta mucha atención a las “señales de alarma” que te indican que tu interlocutor se está poniendo a la defensiva.

Lo antes posible intenta reestablecer un contexto seguro mostrándote dispuesto a admitir que puedes estar equivocado, y que sigues abierto a cambiar de opinión.

Apertura que no significa renuncia a la firmeza, aclarando por contraste lo que no quieres y lo que sí pretendes, sin caer en la tentación de “rendirte” y evitar entrar en materia, puesto que eso sólo reforzaría el prejuicio de “Ya sabía yo que iba a ser peor el remedio que la enfermedad”.

En definitiva, se trata de encontrar el camino medio que conjuga valor y humildad, empatía y asertividad, apertura y firmeza, algo que sólo la práctica te va a procurar. Pero si no empiezas a practicar siempre todo te parecerá quimera. Prueba, equivócate, mira dónde están tus mayores debilidades. ¿Quieres hacer un test? Pide gratis tu BrandCOM Test en info@texistencial.com

Photo by Sir Manuel on Unsplash

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  1. Me he visto reflejada en algunos casos, pondré en práctica algunos consejos. Gracias

    1. Gracias Eva por tu aliento.
      No sólo es un placer, sino también un gran apoyo motivacional el que comentéis aunque sea una línea qué os parece el post.
      Que tengas unas muy felices fiestas.
      (Espero que te guste también el post de esta semana 😉)