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Eneagrama y carácter.

El eneagrama está de moda, parece el nuevo horóscopo, uno atiende al amigo “gurú” que le “asesora” y ya sale con su flamante personalidad catalogada.

En la mayoría de estos casos, ni la adjudicación se ajusta, ni la descripción acierta, ni la utilidad es requerida. Pura tontería. La pregunta que surge entonces es ¿Puede que tenga una mezcla de varios eneatipos? Bull Shit.

Por todo ello, voy a intentar poner algo de seriedad en el tema sin entrar en las tentadoras casuísticas de cada tipología.

Los eneatipos, los rasgos caracteriales, surgen de una posición defensiva frente al vacío propio de la incertidumbre y evanescencia humana. Son, por así decirlo, agarraderos que desde la más tierna infancia hemos utilizado para evitar el abandono “a la buena de Dios”.

El carácter (kcharakter en griego = lo que está grabado) se forja en nuestra más tierna infancia en base a lo que nuestros padres nos muestran como camino de merecimiento para que nos concedan su atención y amor. La primera pregunta pues para orientarnos cara a saber cual es nuestro eneatipo podría ser: ¿Qué hacía yo cuando era pequeño (6/7 años) para agradar/complacer/llamar la atención de mis padres, educadores…? (y ojo que posiblemente sea lo que continúe haciendo para agradar/complacer/llamar la atención de mi pareja, mi jefe, mis amigos…)

¿Soy una persona mental, ordenada, discursiva, elocuente y/o locuaz?

¿Me siento alguien muy emotivo, sensible, “especial” y/o dramático?

¿O soy tal vez un personaje de acción, un tipo ejecutivo, directo y épico?

Ahí nos daremos cuenta de que hay algo automático, repetitivo, rígido que “marca carácter”. Más allá del estímulo, la respuesta es casi siempre de la misma categoría. Pues eso, eso es lo que apunta a nuestro eneatipo.

El eneatipo señala algo troncal, aunque luego se despliegue en múltiples ramas. Cada eneatipo se asocia a una pasión emocional (proyectada hacia afuera) una fijación cognitiva (introyectada hacia dentro) y un núcleo instintivo (social, sexual o conservación) que lo redefine.

Y en ese “juego” de máscaras, en ese baile entre expresión y contención, invertimos mucha energía. Una energía preciosa que le robamos a lo que en Gestalt llamamos la autoregulación organísmica, esa que se ocupa, sin pedir nada a cambio, del mantenimiento de nuestro equilibrio corporal, emocional y espiritual.

¡Mmm… si no fuera por ese empeño en nadar contracorriente, en cambiar el curso del río! Si recordáramos que la naturaleza hace bien su trabajo cuando no interferimos (Wu Wei) Si tuviésemos presente el camino del Tao, otro gallo nos cantaría. Porque el Tao, como decía Claudio Naranjo, es la voz de la bondadosa abuela de Dios (y sabe tanto o más que Él, añado yo)

Photo by Rahul Vaidya on Unsplash

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  1. Manuel,

    esta vez estoy descolocada, ¿qué hacía cuando era pequeña para complacer, agradar…a mis padres? Ni idea. Llevo rato dándole vueltas y no recuerdo que a esa edad hiciera nada para agradar a mis padres…me gustaba estar con mi hermana, que me diera la mano cuando entrábamos en el cole, cuando nos peleábamos me amenazaba con no darme la mano en esas ocasiones, íbamos juntas los sábados a la piscina y cuando alguna vez nos llamaron para subir por separado, (llamaron por edad), me puse a llorar desconsoladamente, pero cuando me tocó subir al autocar, ella me había guardado un sitio a su lado…nos gustaba jugar con nuestro hermano, que era muy pequeño, nosotras desde el barco (la cama) le recatábamos del agua, la escena la repetíamos muchas veces, o le hacía venir corriendo hacia mí, le cogía en brazos y le hacía girar…
    Cuando llegaba mi padre me gustaba ir corriendo hacia él y escalar por sus piernas y su cuerpo hasta arriba y él decía, Meri como un monito, pero eso lo hacía porque me gustaba…saltar por la calle de su mano y cantando…pero todo eso me agradaba a mí…en mi infancia no me cuestionaba hacer nada para merecer el amor y cariño de mis padres, supongo que lo daba por supuesto, igual que ni me cuestionaba no quererlos a ellos..

    Sí a las tres preguntas que planteas, no en todos sus adjetivos, pero sí en algunos: soy mental, reflexiva, discursiva, argumentativa, soy emotiva, soy directa y me encanta la épica…

    realmente no tengo muy claro lo del eneatipo, y como dices al principio, me da la impresión de que en conjunto somos un pupurri de todo

    un beso

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      Manuel Villa says:

      Mmm… querida Meri. date cuenta de que me hablas más de hechos, de acciones (gestos. detalles, lloros, juegos, escenas, carreras, escaladas, cantatas…) que de razonamientos, interpretaciones (esas las das por consabidas) o de las emociones que te llevaban a ello.
      Yo apostaría a que eres más de acción que mental o emocional. Eso no quiere decir que no tengas tus buenas razones y sentidas emociones, pero tu “escudo protector” es más la hiperactuación que el drama o la elucubración.
      Eso sí, juego con ventaja, porque te conozco bien. Hahaha!!
      Abrazoo

      1. Discrepo total y amigablemente querido Manuel, tu planteamiento era ¿Qué hacíamos para agradar? Lo que llamas acciones, que en mi exposición en buena parte eran expresiones emocionales. Por lo que observo te creas una imagen y todo lo ajuatas a esa imagen sin valorar la posibilidad de error en la prefiguración. Da para hablar largo y tendido 😉

        1. Comenta el artículo

          Manuel Villa says:

          Siiii. Sabía que dirías eso, y lo de hablarlo largo y tendido también. Ganas de ponernos a ello. Espero que pronto. Abrazoo