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Ghosting. El fantasma que impera.

En mi época (expresión que aborrezco pero que aquí encaja divinamente) “un fantasma” era alguien que fanfarroneaba sin cesar. Pero hoy, los que “fantasmean” son otros, y son muchos, muchos más de los que podríamos haber imaginado.

Me refiero en particular a los suscritos al fenómeno del “ghosting”, la desaparición súbita, paulatina o intermitente, del interlocutor. Si bien se dice que en sus inicios este tema nació circunscrito a las aplicaciones de citas, ahora se ha extendido desde lo digital hasta lo presencial pasando por lo profesional. Pero sobre todo “pasando que es gerundio” como decíamos entonces.

Dicen los sabios que todo tiene la importancia que se le quiera dar, y yo quisiera desde aquí darle importancia al respeto, a las formas, al compromiso. Porque normalizar las “desapariciones” de gente con la que no sólo tenías trato sino “contrato” (aunque fuere verbal) es invitar a la debacle.

No es la primera vez que insisto en que sólo los límites permiten establecer compromisos y territorios de confianza. Sin compromiso sólo queda el control o el caos, en el peor sentido de esta palabra.

La cosa es grave, hasta el punto de que ya se distinguen cuatro categorías en esta especialidad tan nefasta:

  • El “Delay-Ghosting” Ghosting procrastinador que alarga y alarga infinitamente los plazos para dar respuesta a alguna petición o simple pregunta. Da igual si finalmente es un sí o un no, el fantasma se ancla un buen rato (o ¿días? ¿semanas?) en el “No sabe/No contesta”
  • El “Fade-Ghosting” Ghosting progresivo que arranca desde la normalidad para ir fundiéndose en un espacio cada vez más amplio de silencio hasta desaparecer por completo.
  • El “Jam-Ghosting” Ghosting intermitente, antes llamado “luz de gas”, que alterna cierta normalidad con inquietantes “desapariciones” propias del “thriller” de mayor suspense.
  • El “Pure-Ghosting” El Ghosting más genuino que de la noche a la mañana deja de emitir señal alguna sin ningún tipo de previo aviso ni razón aparente.

Personalmente he podido experimentar los cuatro tipos, pero reconozco que el que más me impacta es este último por su pureza y radicalidad. Y aunque generalizar es siempre sinónimo de errar, me atrevería a aventurar que es muy propio de los profesionales del sector digital. Jobs me perdone.

Si es que ya lo dice la etimología: increíble = no creíble, intolerable = no tolerable, informático = que no hay forma.

Foto de Stefano Pollio en Unsplash

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  1. ¡buenísimo final ! jajajaja

    ya te he dicho otras veces que lo tuyo es el relato humorístico