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KAROSHI o la adicción al estrés.

Hace ya más de un mes uno de mis “impacientes” me comentaba que, después de dos semanas exultantes, ahora había caído en un estado de extremo cansancio en el que le costaba levantarse por la mañana, y que, además, luego, se sentía invadido durante todo el día por la inquietud de sentirse olvidadizo y con gran dificultad para concentrarse.

La empresa para la que trabaja, me había contratado para cursar con él un proceso de mentoring individual, ya que había sido ascendido por su gran valía, pero que, coyunturalmente se sentía sobrepasado por un macroproyecto que iba a durar por lo menos 6 meses. Cuando le conocí, vi claramente que al estrés le añadía una gran ansiedad. La rabia contenida en retroflexión le apuntaba a él como responsable de su mala organización, y me pedía que le ayudara a poner orden a su agenda.

Lo primero fue pues hacerle ver que la rabia no está para castigar sino para poner límites. Después de mucho negociar, acordamos que por lo menos los miércoles dejaría de trabajar a las 19.00h en punto e iría tranquilamente a natación, actividad que él reconocía como de gran placer y que había ido relegando en los últimos meses hasta abandonar cualquier visita a la piscina.

La experiencia resultó un éxito, y de ahí pasamos a aprender a delegar, a organizar cortos encuentros informales de trabajo con todo el equipo cada mañana alrededor de un café, a tantear encuentros individuales con cada uno de sus miembros para conocer opiniones, inquietudes y sugerencias de mejora… ¿El resultado? Lo que he comentado: como nuevo, un hombre exultante que había descubierto la quintaesencia del Management y me estaba eternamente agradecido. Me dijo “¿Sabes? He descubierto que yo ahora hago con mi equipo lo que tú aquí haces conmigo.” y los dos nos echamos a reír.

Pero, lo ya mencionado al principio, pasado un tiempo volvía de nuevo desconsolado por su falta de energía y memoria.

Ahí el trabajo fue hacerle ver cuatro cosas de manera muy clara:

  1. Trabajar mucho cansa. Y si bien en el fragor de la batalla uno puede resistir tremendos embates, cuando este remite aunque sólo sea en parte, el agotamiento hace mella. En ese sentido, le comenté mi propia experiencia con el “sorprendente” lumbago que me “visitó” invariablemente la primera semana de vacaciones durante tres años. Al parar es cuando tomamos conciencia.
  2. Sentir es sentirse vivo. Efectivamente después de residir en la completa alienación del trabajo mecánico, salirse de ello conlleva sentirse abrumado por las sensaciones, placenteras o no, tan exultantes como extenuantes.
  3. Dejar de controlar da vértigo. Pasar de controlar obsesivamente a confiar es un proceso largo, en el que no podemos ir sin más de una polaridad a otra. Hacerlo puede que no haga más que añadir presión a la situación, con la consecuente pérdida de serenidad, memoria y capacidad de escucha y observación.
  4. Es bueno pues que autoestima y autoexigencia se autoregulen de forma natural. Muchas veces la autoexigencia sigue ahí como un pepito grillo que se resiste a irse, pero debemos admitir que es bueno que en parte permanezca. Sólo hay que acotar su parloteo.

En fin, que desengancharse del estrés no es fácil, y conlleva soltarse en varios frentes, de ahí que a esa adicción a matarse a trabajar los japoneses le hayan dado todo un nombre: KAROSHI.

Photo by nikko macaspac on Unsplash

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  1. Hola,
    En lo que cuentas en este post, me resuena algo y encuentro un paralelismo al echo de cambiar nuestra actitud ante los diferentes envites que nos aparece en el camino de nuestra vida y más concretamente lo expondré en la relación que tenemos con nuestro entorno más cercano y para ser más concreto en el entorno familiar. Me explico, hay un momento en que un@ toma conciencia de como está afrontando o no estos envites/entrenos/situaciones y es cuando decide que tiene que darle un cambio a su gestión de las emociones o como en algún seminario he oído decir es cuando un@ es consciente que tiene que evolucionar en la calidad personal, una vez entrado en esta dinámica del cambio/evolución en la calidad personal o emocional, el principio o el periodo de cambio es muy gratificante por que ves y pones conciencia en esta evolución o cambio. Pero he aquí cuando pasa lo que creo yo entrar en esta dinámica ya normalizada, ¿Qué pasa con el estrés acumulado durante el periodo anterior? ¿Cómo vacías esa columna izquierda o derecha que ha estado llena? Es ahí donde encuentro este paralelismo en vs a este post, es cuando has evolucionado/mejorado/cambiado tus hábitos emocionales, pero hay una reminiscencia latente que hay que vaciar.
    Ahí lo dejo, todo y con esto me encanta este post por que son reflexiones que nunca vemos en el proceso del cambio.
    Gracias.

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      Manuel Villa says:

      Gracias a ti Xavi por tus reflexiones y aportación de valor.
      Tomar conciencia es clave siempre y cuando no se convierta en un salvoconducto para decir “Sí, ya estoy en ello” (pero no voy a hacer nada para cambiarlo)
      Eso genera no sólo estrés sino ansiedad.
      Para acabar con la ansiedad debemos echar mano a la asertividad y eso implica PASAR A LA ACCIÓN A riesgo de equivocarnos, sin duda, pero a cuenta de echarle valor y demostrar convicción en lo que hemos descubierto.
      El estrés y la ansiedad no se curan con una pastilla ni con una terapia, se curan con una buena gestión de la emoción (abandonar el modo reactivo agresivo) una oportuna gestión del conflicto (utilizando la rabia para marcar límites) y una diáfana gestión del cambio (dejando claro cual es mi necesidad y el compromiso de futuro)
      Tu ja m´entens.
      Abrazoo

  2. Lo más difícil es luchar con la autoexigència y aprender a delegar.

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      Manuel Villa says:

      Total. Lidiar con la autoexigencia para que no se convierta en perfeccionismo paralizante ni pasotismo expectante resulta clave para alimentar con medido esfuerzo una autoestima creciente.
      Gracias Paquita por opinar.
      Abrazoo

  3. Estar ocupado continuamente te eleva por encima de los demás, te hace sentir un sursuncorda, te proporciona un estatus, un carisma, te hace interesante de cara a los demás, esos demás donde tú mismo estás incluido, porque ya eres los demás, no eres tú, eres lo que los demás quieren que seas. Tu tiempo es suyo, tu vida no te pertenece.
    Complacer todas esas demandas es agotador e imposible de satisfacer… porque son más. Y, además, están de más.

    Que el impaciente piense que, puede que falte el capitán pero, la nave va.

    Un casto petonet, Manel!

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      Manuel Villa says:

      Estoy de acuerdo contigo Frank. Vivimos en una sociedad que premia la hiperactividad, y precisamente esa constante prisa por no parar nos convierte en seres insensibles a merced de intensidades postizas y crecientes que no hacen más que adormecer nuestro criterio.
      Gracias por tu aportación
      Abrazoo

  4. Em quedo amb la frase: “Dejar de controlar da vertigo”. Quina veritat per mi tant gran. Com fer-ho per deixar fluir i no voler controlar. Segur q fer-ho no nomes no porta a que no vagin les coses a pitjor i sino que la teva vida millora. L’estres i l’ansietat s’esvairien quasi del tot.
    Gràcies per la reflexió

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      Manuel Villa says:

      Gràcies a tu Gemma. Sí, confiar, deixar de controlar és tot un viatge, in viatge que comença per deixar de jutjar, escoltar, preguntar i expressar tot allò que necessitem amb la major claredat possible.
      Bon viatge, Gemma, benvinguda a bord.