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Pero tú… ¿En qué idioma me hablas?

Quién ha trabajado en RRHH sabe bien que hay muy distintas tipologías de carácter, y que cada una de ellas emplea un “idioma emocional” diferente para expresar la misma idea.

De ahí que, si no prestamos atención, y/o si no estamos dispuestos a hacer un pequeño esfuerzo, a más de la mitad de la gente parece que les hablemos en chino. Pero lo cierto es que, como reza el proverbio, es mejor no enojarse, porque…

… aunque a veces el otro no te entiende; se lo explicas una y mil veces y no lo ve; no es que sea tonto, no es que sea malo, simplemente es que es otro.

La metodología Target Disc, quizás una de las más empleadas para estos temas, diferencia 4 estereotipos. Sin entrar en la casuística de cada uno de ellos, cosa que nos llevaría mucho tiempo y por lo demás es bastante conocida, me interesa destacar ahora los criterios de base que permiten tal distinción:

  • ¿Estás orientado a resultados o a las personas? Es decir ¿Crees que, si el equipo está bien, el resultado fluirá? ¿o quizás eres más de los que cree que si lo conseguimos, todo el mundo quedará contento?
  • ¿Eres de tendencia extrovertida y dominante, o… más de tipo introvertido complaciente? Es decir ¿Te gusta ser claro y explícito en tus expresiones? ¿o prefieres escuchar e intentar complacer en todo lo posible a tu interlocutor?

Mmm… dos claves que pueden ayudarnos a diseccionar un mundo traccionado por el placer y la ambición (Hunters) o por el no dolor y la seguridad (Farmers) Menudo dilema. Como casi siempre, lo óptimo estará en el criterio, en saber cuando y dónde resulta oportuno cada rol, porque cualquier extremo rígido nos lleva a una huida de la realidad, diferente sí, pero igualmente falsa.

Así, el socializador (orientado a las personas y con tendencia a la extroversión) arriesga a huir del conflicto a través de la fantasía, el organizador (orientado a resultados y sin miedo a mostrarse) a huir a través de la hiperactividad, el conector (orientado a las personas e introvertido de carácter) a escapar a través del drama, y el analizador (persona de resultados y encerrado en su taciturna personalidad) a través de la constante cavilación.

En el dejar de huir y perseguir está la clave para una sana autoregulación. Si no paramos, si no prestamos atención, nos desensibilizamos y nos convertimos en eso: un estereotipo a merced de todos los automatismos heredados.

Parar, atender, darnos cuenta, movernos hacia lo que nos interesa y desestimar lo que nos aliena, actuar, disfrutar y volver a empezar, ese es el círculo virtuoso de quien sabe cuando hablar cada uno de esos “idiomas emocionales” y adaptarnos a la situación y/o al interlocutor para triunfar. Porque recordemos, la felicidad sólo depende de tres cosas:

  • Saber lo que queremos.
  • Saber expresar lo que necesitamos y…
  • Valorar lo que tenemos.

Pues eso, a entrenar, que sólo si yo cambio, el mundo cambia.

Photo by Gleb Albovsky on Unsplash

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  1. acertada exposición, una buena base para que más de un/a director/a de RRHH o jefes de unidades puedan empezar a reflexionar sobre este tema, como siempre todo empieza en nosotros/as mismos/as.
    Gracias

    1. Gracias a ti Xavi. Como bien sabes, todo empieza por un “darnos cuenta” y yo creo que cada vez todos somos más conscientes de que hay distintas sensibilidades, distintos códigos, distintos “idiomas emocionales” que nos impiden conectar de primeras con todo tipo de personas.
      Pero, si nos quedamos ahí, nos quedamos con el problema y no con la solución. Para avanzar es necesario saber cuales son los principales “idiomas” que se dan en nuestro entorno y sobre todo, cómo abordar cada uno de ellos para que le llegue el mensaje que en realidad yo quiero transmitir, pero que si lo hago a mi manera no entiende, no le llega. En fin, vamos avanzando. Gracias por comentar Xavi.